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Ver “Confinamiento” Día 34: un mensaje personal de Prem Rawat.
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“Hay una parte de mí que aspira a encontrar paz, a encontrar dicha, a ser feliz, a saber. Que aspira a la claridad, a la plenitud. A eso le llamo el corazón.” — Prem Rawat


Si tienes preguntas que quieres que Prem atienda, por favor envíalas a PremRawat.com (www.premrawat.com/es/participa/contacto)

Confinamiento – Día 34

Hola a todos. Espero que estés bien. Hoy me gustaría hablar de algo un poco diferente. Porque tiene mucho que ver contigo en relación con todo lo demás que ocurre en este mundo.

Desde una muy temprana edad se nos dice qué hacer y qué no hacer. Por favor no te lo tomes a mal. No digo que esto sea bueno o malo. Lo que digo es que llega un momento en la vida en el que simplemente hay que considerar esto. Considerarlo, si de algo sirve. Y ahí vamos. Cuando somos muy, muy pequeños nos dicen: “no puedes hacer esto, no hagas aquello, eso no es bueno”. Quizás tomemos nuestro juguete, lo estrellemos contra la pared, los padres dicen: “no lo hagas” y paramos.

En este proceso, es importante escuchar lo que nos dicen las personas. Y muy pronto aparece, por supuesto, un anhelo, un deseo de hacer algo. Pero luego está la influencia externa que te indica si puedes o no puedes hacerlo. Y esto continúa. Y en cada paso, en cada fase de tu vida, suceden cosas así. Te haces un poco mayor, empiezas a ir a la escuela y te cargan con una lista interminable de responsabilidades. Y te dicen lo que puedes y no puedes hacer, nuevamente. Eso es lo que te dicen. Creces un poco más, empiezas a tener muchos amigos y es lo mismo. Nuevamente, ahora un grupo diferente de personas te está indicando lo que puedes hacer y lo que no puedes hacer. Y te haces mayor y tienes otro tipo de amistades. Nuevamente hay reglas, hay limitaciones, hay disciplina. No estoy juzgando si eso está bien o está mal, no lo juzgo en absoluto. Algunas de estas cosas sí las necesitamos. Así es.

Y así continuamos. Quizá consigamos un trabajo. Ahora tenemos un grupo diferente de personas: tenemos jefes, tenemos colegas, y nos dicen qué podemos hacer o no podemos hacer. Y así continúa. A lo que voy con todo esto es que: bueno, ¿por qué considerarlo? Porque quizá, en cierto momento, en todo este periodo de tiempo que llamamos existencia, tenemos que tomar algunas decisiones importantes:

“He estado tratando de satisfacer a la sociedad, de cumplir con lo que nos decía la sociedad. Sí, voy a hacer esto, voy a hacer aquello”. Pero llega un momento en el que necesito mirarme a mí mismo y a esta existencia como algo mío, no de otro. No la idea de otra persona sobre quién podía ser yo sino mi idea sobre quién debería ser. Tengo que excavar profundo y entender cuál es mi realidad. Quién soy yo. Qué soy. Cuáles son mis necesidades. Éstas son las cosas que quiero fortalecer. Y es como que he sido este soldadito perfecto y el mundo me ha ordenado: “Marcha, marcha, marcha.” Y he marchado. Me han dicho: “Ve a hacer tal cosa, ve a hacer tal otra; piensa de esta manera y piensa de aquella manera”.

Pero antes de que la vida te pase por delante y se acabe, y que nunca se vuelva a manifestar para ti, estaría muy bien que tú que estás vivo te tomaras un tiempo para mirarte a ti mismo. No como lo hace el mundo, sino mirarte a ti mismo y a tu mundo. Considerar cuáles son tus necesidades. Escuchar lo que te dice tu corazón. Entender quién es ese tú verdadero, fundamental. Y sé que hay personas que tienen miedo, tienen miedo de verse a sí mismas. Porque, ¿si se miran y encuentra algo feo?

Pero, ¿sabes cuantos riesgos asumes? Te arriesgas muchísimo en el mundo. Te metes en tu auto, te vas a la autopista; vas conduciendo en la autopista y te arriesgas a que alguien se estrelle contra ti. A veces sucede eso. Te estás arriesgando, pensando que esos cuatro neumáticos permanecerán intactos. Te arriesgas al pensar que tus frenos nunca fallarán.

Si vas a volar, estás corriendo el riesgo de que alguien que estaba armando el ala golpee el remache que se estaba saliendo con tanta fuerza que ahora el avión no sea seguro y que, si se presenta un imprevisto, el avión se desarme. No sería la primera vez que pasa. Estas cosas han pasado. Alguien se entusiasma demasiado con el martillo sobre el motor y el motor empieza a desintegrarse. Ha ocurrido. Así que corremos riesgos. Le apostamos a todo.

Apostamos a que nuestros amigos sean buenos. Apostamos a que vamos a tener un buen empleo. Apostamos a que el jefe sea bueno. Pero nunca apostamos a nosotros mismos. Tarde o temprano llegará el momento en que vas a tener que apostar a ti mismo. Vas a tener que decir: “Muy bien, quiero saber; quiero experimentar mi vida como se supone que tiene que ser experimentada, no de acuerdo a la definición de otro, de cómo habría que experimentarla, sino como debe ser experimentada de verdad.”

La simplicidad. La simplicidad de la vida, de la existencia. ¿Cómo es esa simplicidad? ¿Cómo es despertarse y tener un anhelo y una sed en tu corazón de sentirte pleno? Y no dejar eso de lado, y decir: “voy a buscar algo que me cure de esto”. Sino sentarte con ello y sentir. Sentir esa sed. Y lo importante y bello que es que esta sed exista como fuente principal de inspiración que nos motive a encontrar esa paz, a encontrar esa plenitud en nuestra vida.

Transformarnos totalmente de ser un soldadito de madera que solo marcha y marcha, a sentarnos a aceptar el mar de la serenidad que existe dentro de cada ser humano. Y, ¿qué sentirás al verte con tus propios ojos? No con los ojos ni con la interpretación de otro sino con tus propios ojos ¿Que sentirás al darte la bienvenida desde tu propio corazón, a ti y a tu existencia? Sin juzgarla, ni calificarla de buena o mala. Y no crear divisiones en tu mundo, con lo bueno y lo malo, lo bueno y lo malo. Aunque ese es el mantra que te han enseñado y que has estado recitando desde que eras muy pequeño: correcto, incorrecto; bien, mal; bien, mal.

Pero hay algo más allá de lo correcto y lo incorrecto. Y es algo bueno, hermoso y sencillo. Se trata de tu existencia, se trata de ti. No de tus fantasías sino de ti. De tu satisfacción, no de satisfacer las expectativas de otros. Porque ves un anuncio de un refresco y dices: “Lo quiero”. Lo que están diciendo es que, si lo consigues, te sentirás satisfecho. La verdad es que no serás tú sino esa compañía la que se sentirá satisfecha si compras su refresco.

Y esto es lo que ha pasado: que has hecho ciertas cosas. Pero antes de que esta vida te pase por delante sin enterarte (y está pasando muy, muy rápido), muy pronto, antes de que te des cuenta, se habrá acabado. Y no estoy hablando del coronavirus ni de la situación actual. Simplemente, estoy diciendo las cosas como son. Se trata de un periodo de tiempo demasiado corto.

Lo importante es que te des cuenta de que viniste y quizás el mundo entero no te comprendió, pero te comprendiste a ti mismo. Que procuraste sentirte pleno en medio del gran vacío, de la locura de pensamientos que tenemos.

No puede ser tanto tiempo que los seres humanos emprendieron una forma diferente de vivir. Y fue con la agricultura. Porque con la agricultura llegó la idea de protección. Necesitabas protección porque trabajabas muy duro. Lleva tiempo y dependes de la naturaleza: ¿cuándo estará lista tu cosecha? Luego viene alguien y te la roba. Y toda esta comida que había que transportar de un lado a otro. La idea de carreteras, la idea de soldados, de reyes.

El concepto de la sociedad actual ha surgido prácticamente desde que apareció la agricultura. Podría estar equivocado, pero esto es lo que leído. Antes de eso éramos diferentes, vivíamos de manera diferente. No existíamos para algo en particular. No estábamos atados a nada porque simplemente podíamos ir a cualquier parte a buscar alimento. Vivíamos para encontrar alimento. Y el alimento que encontráramos, lo traíamos para casa. Pero la agricultura nos dio la oportunidad de que una persona produzca todos los alimentos, y todos los demás no tenemos que estar ocupados haciendo eso. Podemos estar en casa sentados, hacer lo que queramos y tendremos nuestros alimentos.

Hemos tratado de convertir todo, incluso a cada hogar, en la tierra de la abundancia. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es que hemos intentado hacer todo esto y quizá algún día tengamos éxito. Por ahora, de acuerdo a nuestro historial, no hay ninguna indicación de que lo vayamos a lograr en un futuro próximo.

Porque el cambio radical que esto requeriría, para que nos desconectemos de ello, es increíble. Se necesita algo como este coronavirus para que nos entre en la cabeza que somos humanos. Esto es lo que este coronavirus nos está diciendo. Ya sé que el virus no puede hablar, pero es lo que ha sucedido.

Nos enfrentamos a la cruda realidad. Se han apretado los frenos de este autobús que se estaba cayendo por el barranco en algún lugar. Y se pisó el freno. Y hay cierto grupo de personas a quienes lo único que les interesa es poner en marcha ese autobús. Ponerlo en marcha otra vez aunque eso signifique que se caiga por el barranco. Hay que poner ese autobús en marcha.

Cuando lo que se necesita es que entendamos de qué se trata todo esto. Cómo queremos ser, cómo queremos vivir. Y yo no soy ningún doctor para la sociedad, pero soy un defensor de entender a cada ser humano que se encuentra sobre la faz de esta tierra. Veo ese potencial, que cuando los seres humanos, tantos como sea posible, puedan ser fuertes, esa fuerza nos fortalecerá a todos. Para avanzar, para tomar esas decisiones difíciles que tenemos que tomar. Y mejorar la vida para todos nosotros, para todos nosotros. Pero comienza con que te veas realmente a ti mismo como un ser humano.

Igual que le hemos dado muchas oportunidades al mundo, darnos la oportunidad a nosotros mismos. A nuestro corazón. Darle la oportunidad a la necesidad que yace en ti de sentirte pleno. Para muchos, cuando escuchan la palabra paz, todo se derrumba. Y están los del SÍ, y están los del NO.  Donde quiera que vas, en todo el mundo están los del SÍ y los del NO: “Sí, eso es una buenísima idea. No, eso nunca va a ocurrir.”

Pero, ir más allá de eso y decir: “¿Por qué tengo en mí la necesidad de paz? ¿Por qué quiero libertad?”. A fin de cuentas, cuando se dice la palabra 'libertad', suena muy bien. Entonces, ¿qué te limita? A no ser que estés encarcelado, y no lo estás o quizá sí. Pero, ¿qué te limita? ¿Por qué te gusta la idea de libertad? Porque quizá no te veas encarcelado físicamente pero estás privado de esa libertad auténtica, de esa experiencia verdadera que deseas sentir en tu corazón. En ti.

Las personas dicen: “¿Dónde está el corazón?: ¿está aquí, o aquí?”. ¿Qué importancia tiene? ¿Es importante que una persona se encuentre en un domicilio en particular? ¿O lo que es importante es la persona en sí, no el domicilio? Si quieres encontrarte con una persona que no está en su casa sino que está en la oficina de correos de la esquina, te reunirás con ella en la oficina de correos de la esquina, porque la conexión ¿es con la persona o con el domicilio?

Muchas personas quieren la conexión con el domicilio. No les importa la persona. Nunca conocerán a esa persona. Nunca entenderán quién eres, porque tienes que decir: “No se trata de donde esté, sino de que tengo un corazón. Hay una parte de mí que aspira a encontrar paz, que aspira a encontrar alegría, a que yo sea feliz, a que yo sepa, a que sienta claridad, a que me sienta pleno”.

A eso le llamo corazón. Aquello que me inspira hacer cosas extrañas, raras a veces, esa es otra parte de mí. Pero hay una parte de mí a la que le doy la bienvenida: “Te quiero conocer y entender más y más. Tanto como pueda.” Claro que, antes de que esta vida me pase por delante sin que me entere, darle la bienvenida, entenderla y encontrar la fortaleza en esa parte, porque es real.

Yo necesito ser auténtico, tú necesitas ser auténtico, el mundo necesita ser auténtico. Y necesitamos ser auténticos con nosotros mismos. Tenemos que intentarlo con nosotros. Estar vivos, sentirnos plenos.

Mantente bien. Mantente saludable. Mantente seguro. Sé. Hasta luego y gracias.