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“Confinamiento” día 27: un mensaje personal de Prem Rawat.
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“Si no le dedicas tiempo a sembrar las semillas de la paz en tu vida, y después te preguntas, ¿Por qué no tengo paz? Bueno, es porque nunca sembraste las semillas.” – Prem Rawat


Si tienes preguntas que quieres que Prem atienda, por favor envíalas a PremRawat.com (www.premrawat.com/es/participa/contacto)

Prem Rawat:

Hola a todos una vez más... y sé que ya han dado los anuncios de que el confinamiento va a durar más, pero eso no es para descorazonarse o preocuparse. Unos días más, a fin de cuentas. El objetivo es estar seguro, estar bien y aprovechar la oportunidad de aprender algo, de comprender algo, algo que es muy importante. Porque el tiempo es tiempo, no se trata de lo que esté sucediendo en él, sino que el tiempo es tiempo.

Es una forma de verlo, y puedes pedir algo que realmente te ayudará en el transcurso de tu vida. Hay dos cosas de las que quiero hablar. Una ya la mencioné en el transcurso de una de estas charlas. Estamos tan ocupados resolviendo el problema, tenemos la cabeza metida en el suelo. Así que hay dos cosas: hiciste algo, inconscientemente o a propósito, no importa, pero sea lo que sea va a tener consecuencias. Así que tienes la acción y la reacción o consecuencia.

Cuando digo “vive tu vida conscientemente” quiero decir que lleves a cabo esas acciones que tengan consecuencias positivas. Que el resultado sea algo que te guste, de lo que disfrutes, algo que tiene que ver con la paz, con la plenitud, con el entendimiento, con la claridad. Pero lo que ocurre es que nos obsesionamos tanto con las consecuencias que olvidamos la acción, y por lo tanto si esa acción se repite vuelve a producir la misma consecuencia una y otra vez.

¿Hasta dónde llega esto? Afecta todos los campos que te puedas imaginar... la familia y sus problemas, la violencia doméstica. Enorme, por cierto, el bullying (el acoso) y todo lo demás: asesinatos, crímenes, crímenes de poca o mucha importancia. Y en todos ellos tienes la acción y tienes la consecuencia. En todos los casos estamos tan ocupados negando las consecuencias negativas que olvidamos la acción.

Y a menos que cambies esa acción repetidas veces va a producir el mismo resultado una y otra vez. La pregunta que te harás es: ¿por qué en mi vida me están castigando?, ¿qué he hecho mal? Y no es que hayas hecho algo malo en tu última vida o que te pusieron el mal de ojo o una maldición, que pasaste por debajo de una escalera o lo que sea sino ¿qué estás haciendo? Lo que hagas, inconscientemente, cualquier cosa que hagas... pongámoslo de este modo:

Cualquier cosa que hagas tendrá un resultado, no hay duda. Cada acción produce una reacción. Y por supuesto, si es desagradable quieres negarla, quieres quitártela de encima. Es como la persona que queda encerrada y lo único que piensa es: “¿Cómo puedo salir de acá? ¿Cómo salgo de esta consecuencia?” Es como un niño que va a la escuela, saca unas calificaciones pésimas y piensa: “Dios mío ¿ahora qué hago? Voy a enseñarles las notas a mis padres… No lo hago, ¿qué excusas puedo dar?” En vez de trabajar sobre la acción, que es: tengo que estudiar, eso lo puedo hacer, necesito aplicarme.

Fundamentalmente ver qué es lo que está causando que yo repita mis acciones, porque no les estoy prestando atención. Y son esas acciones las que están causando el problema. Es muy interesante. Nosotros, en nuestra vida, vivimos, andamos en lo nuestro todo el día y solo prestamos atención a las consecuencias, no a la causa del problema.

Como cuando eras joven: multas por exceso de velocidad. Yo sé de ese tema. ¿Por qué me multaban? Esta historia la he contado antes. Un día me detuvieron y me di cuenta que era humillante, nada divertido, y en ese momento, cualquiera que haya sido la diversión por conducir a toda velocidad quedó anulada cuando me detuvieron.

Por supuesto no le quería mentir al agente de policía. Iba a velocidad excesiva y en ese instante decidí: se acabó. No voy a conducir a velocidad excesiva. Así que ahora conduzco con el regulador de velocidad puesto, donde puedo, y lo pongo a tres, cuatro kilómetros por encima de la velocidad indicada. Mantiene la velocidad y no voy a llegar más rápido. Tendría que conducir como un loco y si lo que importa es llegar muy rápido... siempre puedes tomar un avión. Pero date el tiempo suficiente para no tener que hacerlo.

El asunto es que cuando te están deteniendo te dices: “¡Dios mío, qué horror!”. Se te ponen rojas las orejas, la cara, te sube la tensión. Pasas vergüenza porque todos en la utopista te están mirando y quieres salir de eso: “Si señor agente, lo siento, no lo volveré a hacer...” Pero no estás prestando atención a tus acciones. Lo que tienes que hacer en tu vida es empezar a prestar atención a tus acciones, no solo a las reacciones, porque éstas van a seguir a consecuencia de la acción.

Si no dedicas tiempo a sembrar la semilla de paz en tu vida y después te preguntas ¿por qué no tengo paz?… es porque no las sembraste, porque no hiciste nada para que hubiera paz. Seguiste corriendo a este mundo como un ave dodo, corriendo, corriendo, corriendo. Como una frase que vi en el periódico, muy interesante, que decía: ganas todo ese dinero, trabajas tanto para ganarlo y al final envejeces, enfermas y todo ese dinero que ganaste se lo entregas al hospital porque ahora estás enfermo, en vez de aprovechar parte de ese tiempo y hacer algo positivo.

De nuevo, no quiero disculpar a nadie ni señalar a nadie, nada por el estilo. Muy directo. Hay líderes que hacen su trabajo y lo están haciendo muy bien y luego están esos líderes que la letra “L” ni siquiera debería ser parte de su título. Han perdido la cabeza, se han vuelto locos. Suficiente, ya he dicho suficiente.

Pero ¿y tú? Tu eres el líder de este dominio, de la esfera de tu vida ¿Cómo llevas el asunto, como diriges el espectáculo? Olvídate de los líderes mundiales, las organizaciones. Olvídate. ¿Cómo diriges tu espectáculo? ¿Estás siendo consciente? ¿Estás haciendo el esfuerzo de entenderte, tienes el corazón lleno de gratitud? ¿O te estás volviendo loco tirándote de los pelos?: “¿Cuándo termina el confinamiento, cuando termina esto y aquello, yo tenía mis planes, mis ideas...?”.

Estoy seguro de que hay personas que habían reservado cruceros. Irse de crucero no es buena idea en este momento... Si no sabes quién eres ¿qué haces? Y todo lo que veo... ves este canal o el otro y tratan de que sonrías. Personas de corazón divertido, diría yo, con sentido del humor. Ahí están intentando que suceda algo cómico, divertido. Muy bien, pero no se trata de algo que ocupe tu tiempo.

Tú deberías ocupar tu tiempo. Los pensamientos que te importan a ti son los que debes contemplar. En este momento haz las cosas que te traerán felicidad y alegría. Eso es lo que importa, eso es lo importante. No que tengas que encontrar la manera de ocupar tu tiempo. No, tú eres quien debiera ocupar tu tiempo. No otra cosa ni otra persona, sino tú deberías ocupar tu tiempo.

Esa es una cosa en la que estaba pensando. Y la segunda es... bueno yo he dicho que la mente es una impresora que imprime imágenes y hay una historia que he contado antes. Sucedió una inundación terrible y una señora tenía su casa inundada. Así que se pasó a un nivel más alto, a la mesa de la cocina. El agua seguía subiendo, así que subió a las escaleras y las aguas seguían creciendo y creciendo.

Y siguió subiendo hasta que ya no tuvo adonde subirse, estaba en el tejado. El agua seguía subiendo, así que sinceramente le rogó a Dios: “Dios, ven a ayudarme, te he estado siguiendo, te he amado, creo que eres lo máximo, y ahora estoy en peligro. Te agradecería tanto si pudieras venir a ayudarme”. Dicho y hecho, pasó un barco, y los rescatistas le dicen: “Señora, venga. La inundación está subiendo, vamos a sacarla de acá.” Y ella contestó: “No, no, estoy esperando que venga mi Dios a salvarme”.

Las aguas siguen subiendo, ya tiene mojados los pies, no tiene a donde subirse, vuelve a rogar: “Señor, sálvame, fui tu seguidora, te he rogado, te he sido fiel y ahora estoy en peligro, por favor, ven a salvarme”. Al poco tiempo pasa otro barco de rescate. “Señora por favor, venga, es hora de salir de aquí, esto no es ninguna broma”. “No, mi Dios me va salvar”. A los pocos minutos lo mismo. Las aguas han crecido muchísimo, ya llegan a su pecho y vuelve a rogar: “Señor, esta es la última oportunidad, sálvame por favor”.

Pasa otro barco: “Por favor, señora, ya está, ya está, no va poder estar ahí mucho tiempo”. Ella dice: “No. Mi Dios va a venir a salvarme”. En fin, la inundación sube, se la lleva la corriente y la señora muere. Va al cielo. Ahí está San Pedro para darle la bienvenida y ella está furiosa: “¡Quiero hablar con Dios!”. San Pedro responde: “¿Le puedo ayudar en algo?”. “¿Ayuda?, quiero hablar con Dios”. San Pedro va a buscar a Dios y le dice que acaba de llegar alguien muy furioso que quiere hablar con él.

Dios le indica que pase. Cuando ella llega, le dice: “¿Qué clase de Dios eres tú? Tres veces te rogué que me salvaras y no bajaste ni una sola vez.” Dios responde: “Señora, por favor, yo le mandé tres barcos a salvarla y no quiso subirse a ninguno”. La impresora le imprimió la imagen de lo que ella pensaba, de la forma en la que se iba salvar. Pero eso no fue lo que sucedió. Llegaron tres barcos y ella no se subió a ninguno de ellos.

Es una historia divertida. Pero esta impresora merece atención, porque la seguimos muy de cerca y ahí está el día entero imprimiendo imágenes, una tras otra. Vivir tu vida conscientemente definitivamente significa que tendrías que alejarte de un tirón, alejarte cuando te das cuenta de que estás persiguiendo estas imágenes.

Deberías estar persiguiendo tu corazón, persiguiendo la sed de estar pleno en tu vida, de estar claro, de estar sereno. Esa es la sed de tu corazón, no la búsqueda de la mente que dice “quiero esto y aquello”. Bueno, no es gran problema si de vez en cuando sigues esto, pero si lo estas siguiendo todo el tiempo y no sigues al corazón eso va ser un poco problemático.

Mantente bien, mantente seguro, pero lo más importante, sé. Disfruta y aprovecha este tiempo. Después hablaremos.