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Ver “Confinamiento” día 24: un mensaje personal de Prem Rawat.
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“¿Tienen que suceder tragedias como esta para que despertemos?”.  – Prem Rawat


Si tienes preguntas que quieres que Prem atienda, por favor envíalas a PremRawat.com (www.premrawat.com/es/participa/contacto)

Prem Rawat:

Hola a todos. Espero que estén todos bien. Los días van pasando lentamente. Pensaba: ¿qué puedo decirte que pueda mejorar o, de alguna manera, facilitarte esto? Para que puedas ver este tiempo y aprovecharlo al máximo. Porque, sean cuales sean los hechos, lo cierto es que, con este coronavirus, el tiempo que estemos con todo esto no tiene tecla para rebobinar. Es tiempo. Y es tan precioso como cuando hacemos otra cosa. Es tan precioso como cuando nacimos. Tan precioso como fue hace una década, hace un año. Y lo cierto es que, ahora que estamos en medio de todo esto, sigue siendo precioso.

Así que pensaba en cómo podemos aprovecharlo al máximo. No en cuanto a lograr algo externo o a cumplir algún objetivo, sino para que nosotros, los que estamos atrapados en esto, sintamos que lo estamos aprovechando al máximo. Que no es solo tiempo que va disminuyendo en alguna idea o concepto, en contra de nuestra voluntad, confinamiento y todo eso. Y una consecuencia lateral de este confinamiento por el coronavirus a nivel mundial es que ha sido espectacular para la naturaleza. Incluso en los parques grandes en EEUU, parques hermosos como Yosemity, las criaturas, los animales que viven ahí están tomando el control porque ya no hay personas. Tienen todo el lugar para ellos solos.

Estaba viendo un segmento de un documental hermoso donde mostraban lo preciosa que es Deli. Y yo recuerdo que en Deradun el cielo era de un color azul profundo, que aparentemente ya no puede verse. Pero debido al coronavirus, incluso en Deli se puede ver ese azul profundo, despejado.

Es una bendición para todos los animales y para todas esas cosas que tenemos por especiales en la vida. Un día hermoso, soleado, con calor. Aquí me ven con suéter, y se preguntarán dónde estoy. Bueno, aquí estoy en California, y en California del Sur hace frío. La temperatura a veces ronda por los 18º – 20º C. Así que hace frío, y cuando sopla el viento hace mucho frío.

Pero, volviendo a lo que iba, ha sido una bendición. Alguien me mandó una foto de Francia, de París, donde el río está espectacular porque no hay barcos. Está todo muy quieto, muy calmado y se ve el reflejo de las nubes. Él es un fotógrafo profesional, me mandó esta foto y es hermosa. Es algo único.

Así que, ¿a qué voy? Voy a esto: a que nosotros, los seres humanos, hacemos lo que hacemos. Lo que consideramos nuestras actividades naturales cotidianas. Y no me refiero a ir al baño, sino que tienes que utilizar el transporte para ir a tu trabajo, llegar ahí, encontrar estacionamiento. Luego todo eso a la inversa, regresar a casa. Todo este desvío: salir a almorzar, salir a esto y a aquello. Todas esas cosas que tenemos que hacer. Y cuando te tomas un descanso todo queda muy tranquilo, muy quieto, y como consecuencia de eso... Quizá no nos damos cuenta todos los días de que todas las cosas que hacemos tienen un impacto tan profundo en la naturaleza que nos rodea. Pero así es.

Así que, si ves la naturaleza como un ecosistema y que nosotros somos los recién llegados, relativamente hablando, los que estamos enloqueciendo, interrumpiendo todo. Esa sería una evaluación bastante buena de lo que está sucediendo en realidad. Porque algo se está interrumpiendo, alterando. ¿Y qué relación tiene eso con lo que quiero decir? Pues que en nuestra vida, en nuestra existencia, también hay una naturaleza hermosa que quiere ser, que quiere brotar. Y lo que aquí arriba hemos decidido que tenemos que hacer: todas nuestras pequeñas rutinas, entendimientos; todas las cositas que nos parecen tan importantes, no son más que un ruido molesto, ofensivo.

Que cuando eso se calla sucede algo hermoso. Algo hermoso brota, emerge. Salen los pajaritos. Las criaturas que son siempre tan tímidas empiezan a salir. Y ves esa vitalidad, ese brillo. Ves cómo es en realidad tan hermoso. Cuando vi esas fotos de Deli me quedé atónito, porque yo no había visto Deli así en años. Bueno, en realidad nunca había visto Deli así. Y como piloto he volado en la India y la visibilidad es siempre horrible. Ya sea que llegues en avión o en helicóptero, generalmente tienes que alejarte mucho de Deli hacia el este, y cuando te alejas empiezas a tener un poco de visibilidad. Pero, ¡en el centro de Deli ver esta belleza! ¡Vaya! ¡Es realmente hermoso!

Es algo que hacemos nosotros lo que hace que no sea tan hermoso. Así que desde el punto de vista práctico, muy práctico, es tanta la disrupción causada por esto que hacemos. Toda la contaminación en Deli hace que la gente muera joven. Afecta gravemente a los niños. Y si tomamos eso y lo aplicamos a nosotros, todo lo que hacemos sin pensar el efecto que tiene en nuestras vidas. Ahí vamos: tenemos este pensamiento, y este otro, y esta creencia, y aquella creencia. Pero, ¿cuáles son las consecuencias de no conocernos? Es como contaminar esta existencia, contaminar la pureza de lo que puede ser, de lo que debe ser. Y ese entendimiento se vuelve muy confuso, muy retorcido. En este momento, debido a este coronavirus es cuestión de todo o nada. Tienes que quedarte confinado. Si no, te vas a enfermar.

Y todas las explicaciones: “Bueno, ¿y tu trabajo?, ¿qué pasa con ir al trabajo?” Pero no, no vas a ir a tu trabajo. Tranquilo, esto es más importante, que estés vivo. Y puedo añadir que es más importante que estés sano, no solo físicamente, sino mentalmente, dentro de ti. Que no te contamines con toda la contaminación que creamos, sino que tengas la claridad del entendimiento, de saber, de la alegría, de la plenitud.

A veces nos preguntamos: “¿Por qué es así?, ¿por qué es asá?, ¿por qué me está sucediendo esto?, ¿por qué me sucede aquello?” Pero nunca vemos que hemos creado dentro de nosotros un ambiente tan contaminado. Nos hemos contaminado con tantos conceptos. Y el concepto podría ser muy pequeño. La idea podría ser muy pequeña. Como esta chica en Camboya (eso fue hace muchos años, probablemente ya es adulta); pero esa chica, que en aquella época iba a la escuela, estaba destrozada porque había perdido su teléfono. Esa es la contaminación de la que estoy hablando. Eso es contaminación. Ella no tenía que estar destrozada. Podía haber seguido adelante, pero la contaminación de tantas ideas distintas… porque es tan importante, desde su entendimiento, tener ese canal de comunicación con sus amigos.

¿Eso de dónde salió? Ella no nació con eso. Poco le importaban esos amigos. Ni siquiera los conocía. Pero vamos creciendo y permitimos que entren todas estas cosas. Y crean una contaminación enorme, pero no nos damos cuenta porque estamos justificando que necesitamos estas cosas. Justificamos que esto es importante, cuando lo que es realmente importante es que estemos en esa claridad, en esa pureza de ser humanos.

Vivimos en una sociedad. Y no estoy queriendo menospreciar la sociedad. Sé que se han logrado cosas maravillosas en ella. Se han superado muchas enfermedades, se han creado muchas maravillas técnicas. Se han logrado muchas cosas. Podríamos estar a 38º a la intemperie, en un desierto, y estar frescos en el interior. Todo eso lo aprecio. Pero, junto con eso hemos permitido que entren tantas cosas que en realidad nos están haciendo daño. Y no pensamos en el daño que nos hacen, en cómo nos afectan. Como sociedad hemos logrado estas cosas. Pero también tenemos cárceles llenas de personas. Y no son personas que encontramos en Marte o en la Luna, sino que son seres humanos de esta Tierra.

Hay una historia del rey Salomón. Una vez llevaron a un ladrón ante el rey y éste preguntó: “¿Qué delito cometiste?”

“Robé pan”, contestó

El rey volvió a preguntar: “¿Por qué robaste pan?”

El ladrón le dijo: “Bueno, no tenía nada para comer, tenía hambre, no pude resistir.”

El rey decidió: “Lo que hiciste estuvo muy mal. Tendrás un castigo de cien latigazos.”

El hombre empezó a llorar y el rey le dijo: “No llores. Está todo bien. Los latigazos no son para ti sino para las personas de la sociedad que permitieron que tuvieras hambre.”

Por eso a Salomón se le conoce como “el rey sabio”. Nosotros somos parte de lo que suceda en nuestro pequeño mundo. Y en ningún momento más que en éste se puede ver la importancia de una persona. Si una sola persona del hogar; digamos que en una casa hay 50 personas confinadas y una de ellas decide romper el confinamiento y sale, esa persona podría estar infectada (no se sabe, pero podría estarlo). Entonces todos los demás van a temer a esa persona: el poder de uno. Y yo he intentado que eso les quede claro a todos. Pero creo que he fallado, no he logrado expresar el poder de uno. Pero el coronavirus lo ha hecho por mí. El poder del uno ahora se entiende claramente.

¿Tienen que suceder tragedias como esta para que despertemos? No debería ser, no debería ser necesaria una tragedia como ésta para que despertemos, para que aprendamos, para que digamos “yo me responsabilizo, soy responsable, hay algo que puedo hacer”. Siempre ha habido algo que podías hacer.

Mira, este asunto del coronavirus -y esta es una observación al margen- hace mucho tiempo estaba en Lakhna. Hace tiempo, yo era niño y me contaron la historia de un palacio que fui a ver. Era el palacio del dueño de Lakhna, aparentemente es una historia real. El dueño estaba viendo bailar a unas jóvenes, había música y estaba encantado. Llegaron los de su seguridad y le dijeron que tenía que irse, que ya habían avistado a los ingleses. Que habían visto al ejército británico. Y él respondió: no hay problema, ya lo veré más tarde.

A los pocos minutos le dijeron que el ejército había llegado a las puertas de la ciudad, que tenía que irse y sigue respondiendo lo mismo: no se preocupen, no hay problema, se van a ir y todo volverá a su cauce. Minutos después le dijeron que estaban a las puertas de palacio. Su respuesta fue la misma: bah, no pasa nada, ya se irán.

Finalmente le dijeron que estaban ya a las puertas de aquella sala y entonces fue cuando el jefe despertó de su locura, llamó a su sirviente y le ordenó: tráeme mis zapatos. Bueno, el sirviente había huido, no estaba, así que empezó a correr y los británicos le atraparon. Él les dijo entonces: si hubiera tenido mis zapatos nunca me hubieran atrapado.

Aparentemente esto fue verdad. La arrogancia, la arrogancia de la que hacía gala. Hace ya mucho tiempo: el coronavirus venía de tiempos pasados, comenzó en China y nadie le prestó atención. Esta no es la primera vez, ya hemos pasado por la gripe aviar, el SARS, la gripe de Medio Oriente, la porcina... desde hace tiempo esto podía llegar. Está el brote de Ébola al que hay que atender... Así que la posibilidad de que esto sucediera nos vino dada por muchísimas señales de advertencia.

Había muchos avisos de que algo como esto podía suceder, pero nuestra arrogancia... ¿qué hacemos? Como si no nos importara, seguimos día a día ganando dos miserables dólares que ninguno nos vamos a llevar. Toda esa riqueza que estamos acumulando ¿nos la llevaremos? Nadie se la puede llevar.

La consecuencia es que estamos perdiendo a muchas personas y es innecesario, innecesario... la cantidad de personas que han muerto innecesariamente. Muertes que se hubiesen podido evitar. Pero es la arrogancia la que no permite ver lo obvio. Y esa arrogancia que no te permite ver en lo externo tampoco te permite ver algo dentro de ti, no te permite ver que 36.500 días es todo lo que tienes aunque llegues a vivir 100 años. No te permite ver eso.

Ni te permite ver que eres vulnerable, frágil. No eres de hierro ni de acero, eres un ser humano y mientras estés sobre la faz de la Tierra serás siempre un ser humano. No importa lo que tengas en la mano, sea una metralleta o un arco y una flecha, no importa: eres un ser humano. Y mientras lo seas no debería existir una arrogancia que no te permita ver tu humanidad, tu fragilidad, lo que eres en realidad.

Es algo para pensar, porque no es que uno salga a presionar un botón. No hay ningún botón como el que utilizas para cruzar la calle, no. Son despertares... las cosas pequeñas que suceden dentro de nosotros. Y empieza a armarse el rompecabezas. Hay una imagen contenida en esos pedazos del rompecabezas y no se sabe qué es. Mirando las piezas no se sabe. Empiezas a juntarlas: unas se unen bien, otras no… Hay una imagen y cuando se arma todo el rompecabezas, sin forzarlo, lo resultante es quizás disfrutar de lo que ves.

Son esos pequeños despertares que tienen que suceder para que nos sintamos plenos, me refiero a eso, no estoy hablando de dolor y tortura, estoy hablando de alegría como ser humano. Estoy hablando de plenitud, y como seres humanos todo eso que queremos conseguir no tendremos oportunidad de conseguirlo. La historia nos va a castigar, a reprender por nuestra arrogancia.

Teníamos tanto a favor, y al final lo que sucedió fue la pandemia ¿es eso lo que queríamos? ¿Queremos que la historia nos recuerde así? ¿O queremos que se nos celebre, que se diga que estos seres humanos fueron maravillosos, que se unieron, que se habían preparado en tiempos de plenitud? Porque es en las épocas de abundancia cuando te preparas para los malos momentos, para la escasez, para la hambruna, para la sequía... en la época de abundancia te preparas para eso.

Pero cuando toda la humanidad está hundida en la codicia y no ve lo que es obvio, desafortunadamente va a ser como “si tuviera mis zapatos, nunca me hubiesen atrapado”. Yo recuerdo esa historia, era muy joven. Ese hombre... ¿de verdad era así? Y si, así era. Tanta gente increíblemente arrogante y esta arrogancia no nos va a llevar a ningún lado.

Este pequeño virus invisible nos está restregando la nariz por el suelo... y no sabemos nada. Llegamos al punto de salida, estamos a su merced, de todos los médicos, de todo lo que hay ahí afuera. El personal médico está trabajando tanto, hasta que ya no pueden más… todos los recursos de los que siempre hemos estado tan orgullosos, hasta ya no dar más de sí.

¿Es esto lo que al final hemos creado? Si es esto lo que hemos creado, entonces déjame que te diga que existe otra posibilidad, y es la posibilidad de estar pleno, de que la historia nos mire con ojos bondadosos y diga: “Esos seres humanos aprendieron algo, representaban algo, algo bueno, comprendieron su humanidad, se comprendieron a sí mismos, dieron sus vidas con conciencia y tuvieron un corazón lleno de gratitud”. Quizá sea esa una posibilidad.

Mantente bien. Mantente seguro. Sé. Hablaremos después. Gracias.