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Hay un llamado desde dentro de ti, las 24 horas del día, 7 días a la semana, 365 días al año, que te dice: “Siéntete pleno. Sé real. Sé verdadero. Sé.”
— Prem Rawat

“Confinamiento” día 13: un mensaje personal de Prem Rawat.
Si tienes preguntas que quieres que Prem atienda, por favor envíalas a PremRawat.com (www.premrawat.com/es/participa/contacto)

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1428
Subtitle track

Hola a todos. Espero que se encuentren maravillosamente. Más allá de todas estas cosas locas que están pasando con el coronavirus y todo eso, que tú mismo estés bien, eso es lo importante.

Así que hoy, ¿de qué quiero hablar? Anoche pensaba en eso y se me ocurrió algo que sería realmente fantástico, al menos hablar de ello y tomarlo en cuenta. Así que comenzaré con una pequeña historia.

Un hombre se había graduado y volvía a su casa, muy contento de haberse graduado y sabiendo que ahora iba a tener que buscar trabajo y hacer todas las cosas que uno quiere hacer cuando por fin se gradúa.

Entonces, iba camino a su casa y vio a un anciano. Y el anciano llevaba una carga enorme de leña sobre sus hombros, en la espalda, estaba encorvado y caminaba muy lentamente.

Al ver esto, el hombre tuvo una idea. Pensó: “Bueno, yo recién estoy comenzando en la vida, y este hombre hace realmente mucho tiempo que recorre el camino de la vida. Así que le preguntaré cómo es la mejor forma de vivir en el mundo, cómo se pueden aprovechar mejor todas estas cosas. ¡Sería fantástico! Porque tal vez pueda aprender algo de este anciano.”

Entonces le alcanzó, le dio una palmada en la espalda y le dijo: “Oiga, señor, dígame, ¿cómo puedo aprovechar esta vida al máximo? Porque recién estoy comenzando y obviamente usted ha estado haciendo esto desde hace mucho tiempo; debe tener algo que pueda decirme.”

El anciano se detuvo. Se quitó la gran carga de la espalda. Se paró erguido. Después volvió a ponerse la carga sobre los hombros, encorvó la espalda nuevamente y se fue caminando.

Y ese es el final de la historia. ¿El anciano le dio un mensaje a este hombre? Sí, definitivamente. Y el mensaje es que, en la vida, caminamos encorvados con una pesada carga sobre nuestra espalda, una carga realmente pesada.

Cargas tales como: “Ah sí, esta persona me dijo eso y esa persona me dijo lo otro. Él me hizo tal cosa y tengo este problema con esa persona. Y esa persona no me quiere por tal razón y esa persona hace aquello”, todas esas cosas extrañísimas que acumulamos. 

“Soy un fracaso.” “Soy una persona exitosa.” “Soy un fracaso por esto y aquello; no soy bueno haciendo esto y no puedo hacer esto y lo otro...” ¡Dios mío, qué gran peso cargamos sobre nuestros hombros!

Y ahora, aquí estamos en esta situación de confinamiento, no tenemos muchos lugares a donde ir. ¿Cómo sería simplemente considerar volver a cero, apretar el botón y volver a cero? ¿Cómo sería simplemente soltarnos, y aceptar la hermosa y sencilla realidad de la existencia? Como un niño, despertarse cada día....

Recuerdo claramente despertarme cuando era un niño pequeño estando listo para el día, listo para aceptar el día. Estaba listo para los desafíos de ese día. Nada era una rutina. “Ah, tengo que hacer esto y tengo que hacer aquello y tengo que hacer lo otro,” no. No importaba.

Lo que fuera que el día me trajera yo lo iba a aceptar; yo iba a aceptar los desafíos. Y me sentía entusiasmado, entusiasmado de estar vivo, entusiasmado de tener esa mañana, entusiasmado de tener esa hermosa oportunidad. ¡Aceptar estas oportunidades con el corazón muy abierto y la mente clara!

No ya contaminados, “Ay dios mío, el día va a ser realmente terrible; esto va a ser así y esto va a ser asá.”

Había una vez un rey que salió a su balcón. Estaba allí mirando y vio a un hombre pasar. El hombre, al pasar caminando, vio al rey y lo saludó.... Y ese día el rey tuvo un día horrible, absolutamente malo.

Entonces esa noche, el rey lo mandó llamar y dijo: “¡Mátenlo!” El hombre preguntó; “¿Por qué quieres hacerme matar? ¿Por qué me matas?” El rey respondió: “Porque esta mañana cuando me desperté, vi tu cara. Y tuve un día tan terrible que te haré matar.”

El hombre miró al rey y le dijo: “Majestad, acaba de tener un día terrible. ¡Yo estoy a punto de perder mi vida! ¡Y lo primero que vi en la mañana fue su cara!  Así que verlo a usted trae aún más mala suerte que verme a mí”.

Nos levantamos cada día y la grabadora empieza: “Tienes que hacer esto, tienes que hacer aquello, llegarás tarde, esto y aquello. Esa persona no te quiere. Tienes que decirle tal cosa a aquella persona. Y tienes que hacer esto y aquello.”

Te pasa con tu familia, con tus colegas, con tus amigos. “Sí, tenemos que responder esto, tenemos que responder aquello, hacer esto y aquello.” Sé que hay personas que escriben un mensaje y necesitan la respuesta inmediatamente. Si no reciben una respuesta inmediatamente se vuelven locos. “Dios mío, algo anda mal.”

Tienes que mirar el mundo y decir: “¿Qué va a pasar aquí? ¿Qué está pasando allá? ¿Qué está pasando? ¡Dios mío, tenemos que compartir esto!” y la grabadora sigue sin parar.

Pero, ¿debería culpar a alguien por esto? ¿Debería pensar que eso está mal? Por un lado, puedo entender completamente que no tiene nada de malo. Está perfectamente bien. ¡Pero lo único que veo remotamente mal en todo esto es que me distrae de mí mismo!

También hay un llamado en mí y tal vez no lo oigo todos los días. Y ciertamente cuando estoy fascinado con todos los problemas del mundo, quizá no le preste atención. Pero hay un llamado. Es un llamado que viene desde adentro, las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, 365 días al año. Y ese llamado está diciendo: “Siéntete pleno. Sé real. Sé verdadero. Sé. Entiende. Corteja la claridad. Incorpora a tu vida todas las cosas buenas.”

Ese es el llamado a la acción del corazón. Y nuestro llamado a la acción es: “Responde eso, lee el correo, mira los mensajes, mira las noticias, haz esto y aquello. Y responde esto y responde aquello.”  Toneladas de responsabilidades.

La cuestión es, ¿hay un botón que podamos apretar para volver a cero? Y quizás no hay un botón así, que pueda volvernos a cero. Pero quizás aquí podemos comenzar a apreciar que la vida está tratando de decirnos algo. Que yo estoy tratando de decirme algo a mí mismo. Que efectivamente este universo está tratando de decirme algo.

Cuando miro todo, cuando miro el polvo que es lo que soy. Soy ese polvo. De estos elementos, aquello que llamo “polvo” es de lo que estoy hecho. Esta piel, los huesos, la sangre, los músculos, los órganos, están hechos de polvo.

Y el día que llegue a la otra pared, cuando me vaya, en eso me voy a convertir: en polvo.  Del polvo venimos y al polvo volveremos.  Pero, ¿qué pasa con la vida?

Muchas personas preguntan: “¿Y la vida?” Surge la pregunta: “Qué pasa con la vida”. Nadie le presta suficiente atención.  Nadie dice: “Eso es lo importante.” No todas las otras cosas que pasan. ¿Qué es importante? Lo importante es el ir y venir del aliento.

¡Cuán dulce y poderoso es este aliento! Cuán increíble es el aliento que entra en ti, y ¿qué te trae? No un regalo común sino un regalo extraordinario. Y es el regalo de la vida misma.

Dulcemente, sencillamente, entra en ti. Te llena para que puedas estar vivo, existir. ¡Puedes pensar! Y no hay límites para lo que puedes pensar; puedes pensar en cualquier cosa que quieras. ¡Y deberías hacerlo! Deberías poder pensar en cualquier cosa que quieras. Pero también deberías pensar en tus necesidades básicas. Y las llamo “necesidades.” No deseos, sino necesidades.

Tienes la necesidad en ti de sentirte pleno. Tienes la necesidad en ti de sentirte satisfecho. Tienes la necesidad en ti de sentir dicha. ¡Estas son tus necesidades! Sin ellas, las consecuencias son terribles. Sin ellas hay tristeza, hay depresión, hay confusión.

Hablamos acerca de la duda, y dudar está  bien. ¿No deberías dudar, nunca? NO. Todos los chefs, todos los cocineros, los verás hacer una cosa… cuando terminan de cocinar su plato, lo prueban. ¿Por qué lo prueban? Lo prueban porque tienen dudas. Quieren saber con certeza si tiene la cantidad de sal justa, que el sabor sea el adecuado.

Dudan, dudan… pero hacen algo para salir de dudas. Lo único que tienen que hacer es probar el plato. Probarlo y así no tener más dudas acerca de si está bien, si tiene buen sabor, si sabe como debería, si está bien de sal, si el picante y los condimentos están bien. “Que todo esté bien”.

Así que el problema no es la duda, sino cómo superarla. Y cuando estás atascado en el otro lado, dudando, dudando, dudando y dudando… Quiero decir, en este momento, ¿estás dudando? No deberías, supéralo, supéralo porque esta es la oportunidad.

Y estoy seguro de que algunos estarán preguntándose: ¿Por qué me está pasando esto a mí? Bueno, puedes sentarte allí y preguntarte hasta el cansancio, preguntarte y preguntarte. “¿Por qué me está sucediendo esto a mí?” O puedes decir: “¿Qué puedo hacer que realmente me beneficie en este tiempo? Tengo margen para mejorar…”

Seguro que hay personas que piensan que no tienen margen para mejorar, pero créanme, todos podemos mejorar. ¿Puedes tú? ¿Puedes aceptar en tu corazón, en tu mente, que tienes opción, que puedes elegir? Puedes elegir todo aquello que necesitas. No le has prestado atención a tus necesidades.

Y qué forma increíble de volver a cero… escuchando, simplemente escuchando. Y luego haciendo algo respecto de esas necesidades que tienes, la necesidad de alegría. Salir afuera no es una necesidad, es un deseo. La necesidad es que tienes que mantenerte a salvo.

Pero también hay otras necesidades. Está la necesidad de sentirse pleno. Y eso no tiene nada que ver con lo de afuera. Para eso tienes que volverte a tu interior. Para encontrar claridad tienes que volverte hacia dentro. Para llegar a ese precioso entendimiento tienes que ir a tu interior.  Porque es ahí donde lo encontrarás. En ti. En ti existen todas esas cosas que tú piensas que están tan lejos de ti.  Y esa es la ironía.

Kabir lo describe de una forma muy hermosa: “Ese ciervo, el ciervo almizclero busca el aroma del almizcle. Busca en el bosque, pero el aroma viene de su propio ombligo”. Es ahí donde está el almizcle.

Y es una tragedia. ¿Por qué? Kabir dice: “Así como hay fuego en el pedernal, así como hay aceite en el sésamo.” En las pequeñas semillas de sésamo. No piensas que puede haber mucho aceite en ellas, pero si exprimes un puñado de esas semillas contienen mucho aceite, aceite de sésamo. “Así como hay fuego en el pedernal, así también lo divino está en ti. Y si puedes despertar a esto, hazlo. Y si puedes abrir los ojos a esto, ábrelos”.  

Y donde está lo divino hay claridad, hay serenidad, hay comprensión. Todo aquello que es bueno está en ti. Siempre ha estado y siempre estará. Lo buscarás afuera, porque esa es tu costumbre. Nadie lleva helado en sus bolsillos, cuando quieres un helado lo buscas afuera, por supuesto.

Pero lo divino lo llevas dentro de ti. La claridad la llevas dentro de ti. La comprensión la llevas dentro de ti. La alegría la llevas dentro de ti. La plenitud la llevas en tu interior, la verdadera plenitud. Y es ahí donde debes buscarla, donde tienes que mirar, donde debes comprender.

No se trata de que digas: “Ah sí, eso ya lo sé”. No se trata de “eso ya lo sé”. Se trata de lo que estás haciendo con eso. Y si sabes que lo divino está dentro de ti, ¿qué estás haciendo al respecto?

¿Estás entusiasmando? ¿Cuán entusiasmado deberías estar? No debería tener límite tu entusiasmo de saber que lo divino está dentro de ti. Deberías estar tan emocionado… que todo aquello que has estado buscando, que todo lo que necesitas está dentro de ti. Se trata de otra realidad. Consideramos que este mundo es una realidad, pero hay otra realidad. Y esto es tan real como es. Sin embargo, a veces no es muy real.

Saben, yo tenía los mejores planes.  Si alguien me hubiera dicho que en 2020 iba a haber un largo período de tiempo en el que no haría eventos, yo hubiera dicho: no es verdad, yo quiero ir a celebrar eventos. Pero la situación cambió. No voy a invitar a las personas a una sala y exponerlos a que se contaminen, no voy a hacer eso.

Así que aquí estoy, tratando de hacer lo mejor que puedo, de llegar a ti y hablarte a través de estos videos. No es que haya mucha gente en esta habitación, ¡estoy solo yo! Vengo, enciendo las luces, enciendo la cámara y filmo. Luego saco la tarjeta de memoria, subo el archivo y lo envío.

Acostumbro hablar en videos, pero usualmente hay muchas personas alrededor. Alguien se ocupa de la cámara, otro de las luces, uno hace esto y otro el audio. Pero esto ya está todo armado y yo hago lo que hago. Entonces, ¿Cuál es real? ¿Qué es real?

En abril de 2019 no había indicios del coronavirus, al menos para nosotros. Todo estaba bien, todo estaba fantástico. De repente, alrededor de diciembre, empezamos a escuchar “coronavirus, coronavirus, coronavirus” Y todo comenzó a cambiar. Y cuando te das cuenta, empezó el confinamiento. Por aquí, por allá, por todas partes.

Pero la realidad de este aliento no ha cambiado. Y como le decía yo hoy a alguien por teléfono, que me decía “ah, todo cambió por culpa de esto”. Yo le dije: “No, no. Esto es un obstáculo para nuestros planes, quizá, pero la realidad, lo verdadero no ha cambiado”.

El aliento sigue entrando a ti. Es lo que te mantenía vivo antes, te mantiene vivo ahora y si tomas las precauciones, es de esperar que te siga manteniendo vivo más tiempo del que quizás quisieras. Eso sería genial.

Entonces, tu vida, tu existencia, qué gran momento para pensar en empezar de cero. Suéltalo. Suelta todo ese peso que llevas en tus hombros y párate erguido, para variar. Transita esta vida, aprende de este tiempo. Y disfruta de estar vivo, aún en estas circunstancias tan extrañas.

No dejes que te afecte. No tiene que ser así. No tiene que afectarte. Es lo que es. Solo tienes que tomar ciertas precauciones. Y si lo haces, estarás bien. Estarás bien.

Así que, cuídate. Sé. Mantente seguro, mantente bien. Y lo más importante, sé.

Los veré mañana. Gracias.